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AR - Absurda Revolución

CARTA ABIERTA A JOSÉ BONO

CARTA ABIERTA A JOSÉ BONO

CARTA ABIERTA A JOSÉ BONO
por Eduardo Tamayo Barrena



Estimado ex compañero Pepe:

Te escribo en tu condición de ex compañero no al Ministro, pues de esta forma el trato como que es más informal y llevadero, aunque tratar contigo siempre fue complicado Pepe, ya que el poder tiene la habilidad de poner distancias entre las persona humildes, y tu ya desde jovencito tuviste mucho poder. Aprendiste muy pronto las artes de la política, que no son más que la del engaño al contrario o si es de los propios al que te pueda hacer cualquier tipo de sombra.

Pepe, tu fuiste alumno aventajado de ese viejo profesor que creyéndoselo o no puso en práctica lo que tantos años había enseñado a sus inocentes aprendices universitarios, y ejerció la política en los últimos años de su vida, y el poder acabó con él, seguramente consciente de haber vendido su alma al diablo (por aquel entonces no se llamaba Zapatero).

Pepe, tu fuiste coronado virrey de un ancho territorio castellano y manchego, por mor de la democracia, el partido y los votos, aunque no todos fuesen de los caladeros de la izquierda. Saboreaste el hidromiel del poder absoluto, y cual Sr. Feudal tuviste, incluso, la ocurrencia de retar en armas al caballero catalán Borrell, amparado por el entonces Rey socialista. El resultado del lance quedó en tablas.

Pero Pepe tu has sido agredido en aquella manifestación, en tu ego. Eso si que es una agresión, ¿cómo pueden los del P.P. aplaudir a Rosa Diez y a ti no?. Humildad Pepe, humildad.

Pepe, tu fuiste candidato a la Secretaría General del P.S.O.E. en el 35º Congreso Federal del Partido. Perdiste. En los preparativos de ese Congreso quisiste comprar voluntades de Delegados de Madrid, de los de “Balbas” y no se dejaron, te acuerdas, acompañado de tu escudero Lissavezky y con carta de recomendación de Leguina y en menor medida del alcalde del sur, Castro. De nada te sirvieron tus credenciales, olian a traición política. No pudiste trastocar la voluntad de un Balbás, el que os hacia gracia. Recuerdo que dijiste: “a mí me gusta contar las ovejitas (delegados) antes de la votación”. Que gran demócrata.

Te ganó aquel Zapatero, no porque fuera mejor, tenía mejor equipo y por aquel entonces no estaba atolondrado por la drogar del poder. Tu ibas al Congreso de Traje caro, inmaculado, con tus vasallos institucionales guardando tu persona. El marchaba en vaqueros, rodeado de aspirantes, y daba pena.

Pensaste que la votación estaba ganada, todo a tu favor. El Presidente de la Comisión de Escrutinio gritaba en silencio : “Viva Bono”. Los curritos de las mesas de votación bien elegidos, previo casting, gritaban: “viva bono”, incluso el mobiliario de aquella sala de votación gritaba lo mismo. Pero.... no se habia podido controlar a una pareja de interventores, la de Rosa (la vasca) y a un tal Tamayo. Perdición, ese Tamayo es el ogro de la F.S.M., insobornable. Vota en solitario en contra del resto de la Ejecutiva de Madrid, tiene criterio, no entiende esto de la política, piensa que estamos aquí para defender los principios sagrados del socialismo. Es un problema.

Pepe perdiste por un escaso numero de votos, puede que fueran más, yo no los quise discutir con tu domesticado personal, al fin y al cabo, por más o por menos perdías. Supongo que conservas ese Acta de Escrutinio, en ella está mi firma: Eduardo Tamayo.

“Cuanto dolor se agrupa en mi constado, que por doler me duele hasta el aliento....” debiste sentir lo mismo. Un provinciano que se había dedicado a hacer el trabajo ingrato, de negro, a los Rubalcabas del Congreso se convertía en Jefe de todo esto. Cólera contenida y abrazo público, juramento de venganza eterna. Destronado el Virrey. Ridículo absoluto.

Pepe, tu jugaste la partida de “haber cuanto dura este de León”, y desde tu territorio invitabas a unos y a otros, puede que hasta, por la cercanía se desplazase Simancas (siempre acompañada de su fiel escudera Ruth). Debian ser interesantes las tácticas y las estrategias diseñadas al calor de un amplio despacho pagado por el pueblo. Que dientes no se le pondrían a Simancas.

Pepe, a decir las cosas claras no te ha ganado nadie en el Partido, excepto el bellotari, que habla más claro y se confunde más, pero no le importa, rectifica en vez de confesarse y le vale igual. Te decía que tu has dicho las cosas claras, y con aquello del 10 de junio de la Asamblea de Madrid, hablaste de traición, contenido del término que bien conoces, y hablaste de “despojos humanos” refiriéndote a dos Diputados Autonómicos. Que claridad Pepe, que bien te quedó, supongo que el Jefe te felicitaría, y tu sequito mucho más. Que gran aportación a la política, calumniar a dos Diputados elegidos por el pueblo que estaban, con la Constitución en la mano, en su derecho de tomar las decisiones que considerasen correctas: votar, no votar, asistir, no asistir, votar si, votar no ... etc. Pero tu, el gran demócrata, saltándote las leyes presentes y futuras decidiste tomarte la justicia por tu mano y sentenciaste :”despojos humanos”. Grandes méritos hay que hacer para alcanzar el favor del Jefe. Tu siempre fuiste meritorio, pero este exceso no era necesario, nadie te lo podía exigir. Pero tu, es mejor que sobre a que falte. No sólo era celo de buen socialista peloteando al Jefe, era el cumplimiento de ese juramento de venganza eterna a los Renovadores de la Base (RB). No te movieron sentimientos de solidaridad con el partido, con los compañeros, con el pobre Simancas. Te movió el odio. Mal consejero.

Pepe hace tiempo que no te sigo, ahora ya no tengo que combatirte (como compañero de partido), ahora solo tengo que aguantarte institucionalmente. Esto lo llevo mejor porque para mi es más distante, aunque hice el servicio militar y tengo mi idea de todo esto. Cuando te veo en la televisión cambio de canal, me gusta perder el tiempo libre en cosas interesantes, incluso no interesantes, pero no en las que tu sueles decir. Desde el sábado pasado estás en todas partes, televisiones, radios, prensa escrita, digital, comentarios de taxistas... etc, eres como Trinidad, que puedes estar en muchos sitios a la vez. Y cual es tu gracia para haber conseguido tal audiencia, ¿una agresión?. Lo siento. Lo siento si hubiera sido una agresión física, pero parece que no, ya veremos esa. Pero Pepe tu has sido agredido en aquella manifestación, en tu ego. Eso si que es una agresión, ¿cómo pueden los del P.P. aplaudir a Rosa Diez y a ti no?. Humildad Pepe, humildad.

Madrid, 27 de Enero de 2005

Fdo: Eduardo Tamayo Barrena
Abogado.

CARTA ABIERTA AL REY DE ESPAÑA D. JUAN CARLOS I

CARTA ABIERTA AL REY DE ESPAÑA D. JUAN CARLOS I

CARTA ABIERTA AL REY DE ESPAÑA D. JUAN CARLOS I CON MOTIVO DE LA VISITA A MARRUECOS EL LUNES 17 DE ENERO DE 2005

http://groups.msn.com/saharalibrereferendumya/general.msnw

Su Majestad,

Dentro de unos días va a visitar al Rey de Marruecos. Permítanos que en estos momentos, y con el máximo de los respetos, le recordemos otra visita que hizo Su Majestad al África Occidental hace ya casi treinta años. A principios de noviembre de 1975, siendo Príncipe Heredero y Jefe de Estado en funciones, se trasladó a El Aaiun, para dar ánimos a los españoles, civiles y militares, de lo que entonces todavía era una provincia más de nuestro país, en un momento especialmente difícil para todos. Sin duda lo recuerda Señor tan bien como nosotros, puede que mejor que muchos pero tal vez no tan bien como algunos a quienes les tocó vivir desde las alambradas y desde los cuarteles durante varios meses una realidad de la que Su Majestad fue testigo y protagonista destacado durante unas horas. Pero ni Su Majestad ni nosotros lo recordamos mejor, eso se lo aseguro, que esos miles de compatriotas nuestros de entonces a quienes la cobardía y la indiferencia de unos dirigentes llevó al exilio, a la guerra y, en muchos tristes casos, a la muerte. Gentes que habiendo nacido en un territorio que esos gobernantes llamaban aún España, que tenían la nacionalidad española de pleno derecho y a quienes nuestro país había repetidamente prometido respeto al legítimo derecho a su autodeterminación. Gentes que vieron cómo esos mismos gobernantes incumplían todas sus promesas y los vendían por mucho menos que un triste plato de lentejas, despojándoles al mismo tiempo de su tierra, de su nacionalidad y, en muchos casos, de su vida, entregándoles atados de pies y manos a una muerte casi segura, en medio del desierto, recorriendo la mayoría de ellos a pie y bajo los bombardeos con napalm y fósforo blanco de la aviación marroquí los cientos de kilómetros que los separaban del único lugar donde un país vecino les ofreció refugio: el infierno inhabitable de la hamada argelina.

Sabe Señor tan bien como nosotros, del dolor y de las dificultades que les costó a aquellos miles de españoles la cobardía de unos pocos políticos sin escrúpulos; sabe Señor de los vergonzantes Acuerdos Tripartitos de Madrid; sabe Señor de una guerra que duró más de quince años y que enfrentó a unos pocos antiguos españoles, sin armas ni apoyos, con un ejército que superaba en número a toda su escasa población; sabe Señor que durante todo ese tiempo las industrias españolas de armamento siguieron haciendo negocios con Marruecos; sabe Señor que este país estuvo siempre apoyado por socios poderosos a los que no importaba nada la corrupción de sus dirigentes ni el desprecio a las numerosas resoluciones de las Naciones Unidas sobre el tema; sabe Señor de los reiterados incumplimientos por parte de Marruecos de cuantos acuerdos ha firmado; sabe Señor de las declaraciones en este sentido de políticos tan prestigiosos como James Baker o Thabo Mbeki.

Todo eso lo sabe Su Majestad perfectamente y no vamos ahora a recordárselo, queremos solamente pedirle que durante su próxima visita al rey de Marruecos no olvide nada de lo que pasó hace ya casi treinta años, ni que, a pesar de las repetidas y claras resoluciones de la ONU al respecto, desde entonces nadie ha sido capaz de poner fin al sufrimiento del Pueblo Saharaui.

Como también todos sabemos lo que significa democracia marroquí, vemos a los jóvenes marroquís huyendo en pateras y muriendo en el estrecho, vemos que mas del 50% de la población marroquí es analfabeta, vemos el estado de la mujer, sabemos cual fue la actuación del Rey Mohamed VI en el terremoto de Alhucemas, impidiendo el reparto de la ayuda humanitaria hasta su llegada, cuatro días después y sabemos cual es el trato que recibe el Pueblo Saharaui en los territorios ocupados, torturas, violaciones, desapariciones......

Va a visitar Marruecos, Señor, y no podemos pedirle, suponemos, que haga Su Majestad lo mismo con los campamentos de refugiados saharauis en la hamada argelina. Si pudiésemos hacerlo, Señor, le hablaríamos de un Pueblo que ha conseguido convertir en casi habitable el trozo de desierto más infernal e inhóspito que un ser humano pueda concebir; le hablaríamos de un Pueblo alegre como parece inimaginable en aquel lugar; le hablaríamos de miles y miles de niños que son felices sin nada; de un Pueblo que, a pesar de todas las dificultades, casi desconoce el analfabetismo; de un Pueblo que no olvida la lengua que los colonizadores les dejaron, a pesar de que el Instituto Cervantes sí les olvide a ellos en sus mapas; un Pueblo que está deseoso de tener buenas relaciones con el nuestro; un Pueblo que no guarda rencor a tantos y tantos dirigentes españoles que, sin embargo, se han ganado a pulso su odio y su desprecio, sino que está agradecido a nuestras gentes por la ayuda que siempre les han prestado; un Pueblo que solo espera un gesto mínimo por parte de alguno de nuestros dirigentes para olvidar el pasado y construir un futuro en paz con todos sus vecinos, incluida España.

Ahora va a visitar Señor, Marruecos y le pedimos que durante esa visita recuerde todo esto. Y se lo pedimos con todos los respetos, Su Majestad, y no en nombre del Pueblo Saharaui. Ninguno de nosotros tiene ningún derecho a hablar en nombre de ellos, ellos tienen su voz, son un país reconocido por numerosos otros del planeta (aunque lamentablemente ni España ni ningún otro de Europa haya tenido nunca el coraje de hacerlo), un país que habla fuerte y claro en la Unión Africana. No, Señor, no es en nombre de los saharauis sino en nombre del Pueblo Español en el que le pedimos que haga cuanto esté en su mano para resolver un problema que es tanto nuestro como de nuestros hermanos saharauis. Porque a España le queda una última oportunidad, tal vez, de recuperar su dignidad perdida en 1975; porque mientras España no asuma de verdad sus responsabilidades en la tragedia saharaui ningún español con un mínimo de vergüenza, una brizna de memoria y un átomo de dignidad podrá jamás invocar el respeto a la legalidad internacional sin que suene a burla y a mentira; porque mientras esto no pase ningún español podrá mirar a los ojos a ningún saharaui sin sentirse indigno. Por nosotros, Señor, por todo el pueblo español y por la dignidad de nuestro país, le pedimos que recuerde durante su próximo viaje a Marruecos aquel otro viaje que hizo Su Majestad hace ya casi treinta años.

Respetuosamente.

ASOCIACIONES DE AMISTAD Y SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO SAHARAUI DEL ESTADO ESPAÑOL

Madrid, 14 de Enero de 2005

Mensaje Navideño del Rey (24 DE DICIEMBRE DE 2004)

Mensaje Navideño del Rey (24 DE DICIEMBRE DE 2004)

"Todos los años espero este momento con gran ilusión, pues me permite dirigirme a vosotros en la Nochebuena y desearos de corazón, junto a mi Familia, paz, alegría y prosperidad.

Nuestro mayor afecto y comprensión se dirigen, en particular, a quienes sufren por cualquier causa en estas fechas tan emotivas y familiares.

Unos sentimientos que, junto a nuestra cercanía, apoyo y solidaridad, deseamos expresar muy especialmente a los familiares de las víctimas de los abominables atentados terroristas del pasado once de marzo y a cuantos heridos causó esa enorme tragedia.

Aquel día toda España lloró con rabia y dolor, de forma unida y solidaria, a sus ciento noventa y dos ciudadanos que tan brutalmente perdieron la vida. Dedicamos un emocionado homenaje a todas las víctimas del terrorismo y a sus familias que merecen nuestra mayor entrega.

Nuestros corazones siempre permanecerán ligados a su memoria. Su recuerdo, y el sufrimiento de tantos heridos, nos debe llevar a reforzar nuestra unidad para acabar con el terrorismo, con sus intolerables asesinatos, amenazas y extorsiones, desde la fortaleza del Estado de Derecho y la cooperación internacional.

Contamos para ello con la abnegada labor de la Justicia y de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad que se entregan día y noche - y esta noche también- a la defensa de nuestros derechos y libertades.

Estos días de Navidad son propicios para la reflexión sana y constructiva. No podemos mirar hacia delante sin antes recordar cómo hemos logrado construir la España plural y diversa que hoy disfrutamos. En poco más de una generación, con gran esfuerzo, de manera responsable y generosa, los españoles hemos forjado el más largo período de convivencia democrática y crecimiento de nuestra Historia.

Como dije hace poco más de un año, las profundas transformaciones vividas por España no hubieran sido posibles, ni tampoco lo serían hoy en día, sin la estabilidad política, social y económica que asegura la vigencia y el respeto de nuestra Constitución.

Veintiséis años de estabilidad y prosperidad en democracia es, sin embargo, un periodo corto, comparado con el vivido por las naciones más avanzadas de nuestro entorno. Tenemos la responsabilidad de consolidar y ampliar lo que juntos hemos conseguido. Estoy convencido de la voluntad y capacidad de los españoles para seguir trabajando en dicha dirección.

En esa tarea, la Corona nunca escatimará esfuerzos. Siempre alentará y preservará la unión solidaria de las diversas tierras de España; trabajará con tenacidad para armonizar intereses, moderar y arbitrar el funcionamiento de las Instituciones, y fomentar el interés general por encima de ambiciones particulares.

Mantengamos los principios y valores de nuestra Constitución y el preciado consenso en que se basa.

Tras las elecciones generales del pasado mes de marzo, se abría una nueva Legislatura y un Gobierno era relevado por otro de distintos signo político, ambos guiados por el afán de servir leal y eficazmente a España. La alternancia política es siempre escenario de nuevos proyectos y debates. Debatir es algo propio del buen funcionamiento de toda democracia. Las diferencias políticas deben resolverse con prudencia, buscando la concordia y el interés colectivo, dentro del respeto a la Constitución.

Una sociedad abierta, madura y moderna como la española, una democracia estable como la nuestra, necesita mantener instituciones sólidas y debidamente apoyadas, así como fomentar los planteamientos integradores.

Los españoles piden que sigamos construyendo juntos y con la misma ilusión, una España mejor cada día. Un país socialmente más justo, que crezca en bienestar individual y colectivo, con más y mejor empleo, mayor seguridad ciudadana y más amplias prestaciones sanitarias y sociales.

También demandan viviendas asequibles, un entorno natural protegido y un creciente esfuerzo investigador. Una España que asegure la efectiva igualdad de derechos y oportunidades para todos, la plena equiparación de hombres y mujeres, y una justicia con recursos para ser más ágil y eficiente.

Al mismo tiempo, la sociedad española reclama erradicar las causas de pobreza, marginación y exclusión social, proteger y asistir a menores y discapacitados y proporcionar a nuestros mayores la atención y amparo que merecen.

Destinemos los mejores esfuerzos contra la droga y sus efectos devastadores y colaboremos para reducir los accidentes de circulación que tantas muertes y heridos provocan. Miles de voluntarios, en estos y en otros campos, nos dan el ejemplo de su generosa labor al servicio de los demás.

Valoremos el trabajo de los inmigrantes venidos a nuestro país en busca de mejores condiciones de vida, y que contribuyen a nuestro desarrollo económico y social.

Deseo expresar mi reconocimiento a las familias españolas. Constituyen un soporte básico para transmitir nuestra identidad, cultura y tradiciones, así como valores éticos, morales o religiosos, conforme a sus creencias.

El futuro de España requiere una sustancial mejora de los niveles educativos de sus hijos, lo que reclama la estrecha y respetuosa cooperación entre autoridades, padres, profesores y alumnos.

España se juega su seguridad y bienestar, en buena medida, fuera de nuestras fronteras. Trabajemos unidos para desarrollar nuestras relaciones internacionales pues, al sumar fuerzas, fortalecemos la credibilidad y eficacia de nuestra política exterior en la defensa de nuestros intereses.

Dirigimos nuestro reconocimiento y gratitud a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas, Cuerpos de Seguridad, Servicio Exterior y cooperantes que, lejos de sus familias, trabajan al servicio de la paz, la cooperación y el bienestar de tantos países en el mundo.

Damos nuestra más cordial bienvenida a los diez nuevos estados que este año se incorporaron a la Unión Europea. El próximo año se inicia con la ratificación del Tratado que establece una Constitución para Europa. Como españoles y como europeos, debemos abordar con altura de miras las oportunidades y responsabilidades que dicho Tratado nos plantea.

La Cumbre Iberoamericana de Salamanca, a celebrar los días 14 y 15 de octubre de 2005, nos permitirá reforzar nuestros lazos con las naciones hermanas del otro lado del Atlántico.

Un mes más tarde, el 29 de noviembre, los países mediterráneos y europeos se reunirán en la Ciudad Condal en una Cumbre del Proceso de Barcelona. Deseamos ayudar leal y eficazmente al logro de la paz en Oriente Medio.

Me llena de orgullo la ilusión colectiva de los españoles ante los grandes acontecimientos culturales o deportivos que se celebran en España. Hemos acogido con gran alegría la designación de Valencia para la Copa América de Vela 2007 y la más reciente elección de Zaragoza para albergar la Exposición Internacional de 2008. Iniciamos un año marcado, entre otros eventos, por el Cuarto Centenario de El Quijote y por los Juegos Mediterráneos de Almería. Ahora debemos trabajar codo con codo en favor de la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2012.

España, como nación labrada durante siglos por nuestros antepasados, es la tierra a la que pertenecemos y el hogar común que, progresivamente, hemos ido mejorando. Una tierra que encierra un cúmulo de riquezas históricas, artísticas, culturales y lingüísticas, así como tradiciones y valores, que debemos proteger y promover.

Servir al bien de España y de todos los españoles, es el norte que inspira la labor de la Corona. Una labor que me estimula a diario y por la que siempre estaré dispuesto a entregar lo mejor de mí mismo para poder dejar un país aún mejor a las generaciones venideras. Una labor, además, con la que los Príncipes de Asturias sellaron un firme compromiso de continuidad con motivo de su enlace.

Tenemos un país envidiable, capaz de alcanzar nuevas metas si ponemos la voluntad y los medios necesarios para ello, desde el respeto a nuestras normas de convivencia democrática. Al ser España nuestra patria común, todos debemos contribuir con ilusión, desde el entendimiento y la concordia, a asegurar su futuro.

A todos los españoles, especialmente a quienes os encontráis fuera de nuestras fronteras y a los extranjeros que residís con nosotros, todo mi afecto y mis mejores deseos de felicidad para esta Navidad, y de paz y bienestar para el Año Nuevo. Buenas noches."

España como superestructura

España como superestructura

¿Qué es el superestructuralismo?
Miguel Ángel Quintanilla Navarro
http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/463

Desde 1996 se ha desarrollado intensamente una forma de entender la vida política española que ya existía en estado de latencia desde algunos años antes pero no había alcanzado la difusión y la virulencia que ha adquirido últimamente. Esta manera de comprender la política española, a la que denomino superestructuralismo, se caracteriza por afirmar las siguientes proposiciones:

a.) España no es una nación sino un Estado cuyo origen es la Constitución de 1978.

b.) El proceso de transición a la democracia en España que tuvo lugar durante los años setenta fue una farsa. En realidad, lo que llamamos transición no fue más que una parodia que permitió a los detentadores del poder durante el franquismo (es decir, a quienes lo ostentaban ilegítimamente) convertirse en detentadores del poder después del franquismo mediante un proceso de camuflaje en el que las papeletas de votación hicieron de hojarasca. Los franquistas eludieron la ruptura de su régimen, se mimetizaron con los demócratas y consiguieron mantener su dominio mediante el uso fraudulento de las instituciones democráticas. El proceso constituyente no fue tal, sino que durante el mismo la derecha, protegida por el ejército y por otros poderes, impuso sus criterios y sus valores al resto de participantes, que tuvieron que aceptar lo que se les ofreció. La Constitución —o más exactamente, lo que los constitucionalistas suelen llamar bloque de constitucionalidad (Constitución más estatutos de autonomía más jurisprudencia del Tribunal Constitucional)— no es el resultado de un pacto libre, sino de una imposición de la derecha sobre el resto. Este tipo de razonamiento puede adoptar formas más o menos académicas según el momento.

c.) Por detrás de la vida política aparente discurre una vida política real que es contradictoria de aquélla y esencialmente corrupta y antidemocrática. La forma del poder no muestra el poder sino que lo oculta. Parlamentos, elecciones, magistraturas, y cualesquiera otras instituciones que forman parte del sistema político español son sólo trampantojos que engañan a los incautos que creen que en España las cosas cambiaron con la muerte de Franco. Lo que cambió fue sólo lo necesario para que todo siguiera igual.

d.) Puesto que nada ha cambiado pero parece que sí, la política no debe consistir en actuar de buena fe en las instituciones, sino en desenmascarar lo que está pasando, en desvelar el engaño. De hecho, una de las ocupaciones más queridas por los superestructuralistas es la detección de “tics” autoritarios, pequeños gestos inconscientes que delatan lo que verdaderamente nos pasa o lo que verdaderamente somos. Alguien que parece demócrata se revela como antidemócrata a través de un tic que el político superestructuralista detecta y expone al público como una prueba más de que las cosas y las personas no son lo que parecen. El político superestructuralista ocupa las instituciones transitoriamente y mientras llega el verdadero cambio que está pendiente; estar en un parlamento puede ser útil para difundir más eficazmente la única verdad que importa —que todo es un engaño— pero no puede constituir un acto que legitime las instituciones que son ocupadas. La política no debe ser pacto ni transacción sino denuncia y desestabilización, difusión de una sospecha general e inconcreta acerca de las instituciones y de quienes las dirigen, o, en su vertiente intelectual más suave, revisionismo, impugnación del pacto constitucional.

e.) La violencia política ha de entenderse como el resultado de la gran farsa constituyente. Quienes han hurtado el poder mediante procedimientos arteros y han diseñado luego unas instituciones represivas, no representativas, no pueden sorprenderse de que haya quien se decida a procurar cambiar las cosas por el único camino que le queda: mediante la violencia. La violencia política es responsabilidad de quienes mandan y no deberían mandar, que empujan a los violentos a una situación desesperada. La queja de quienes ejercen la violencia hacia quienes mandan no es sólo por hacerles padecer un régimen opresor, sino por obligarlos a ser terroristas. Los superestructuralistas no violentos (que son la mayoría) reclaman que se aprecie el esfuerzo que hacen para no darse a la lucha violenta e incluso pedir a quienes la ejercen que dejen de hacerlo, aunque suelen advertir de que, de seguir las cosas así y no producirse un cambio significativo, les será difícil mantener y recomendar una actitud tan templada. Su excelencia moral —dicen— tiene un límite.

f.) España es hoy una ficción que es sostenida mediante la amenaza, la violencia y la represión. Cualquier símbolo nacional español lo es de esa ficción y de esa violencia, y cualquiera que haga uso de los símbolos de España debe ser considerado promotor de esa agresión. Quienes afirman que existe un modo limpio y valioso de entender a España como nación lo único que hacen es prolongar y sofisticar un poco más el gran engaño de 1978. Ser español es un estigma, no un orgullo ni una afortunada casualidad, ni nada que pueda expresar sentimientos o ideas apreciables.

g.) La pérdida del Gobierno de la Nación por el Partido Socialista en 1996 confirma las sospechas del superestructuralismo y le proporciona una evidencia incontestable. Los resultados electorales de 1996 y de 2000 no fueron el fruto de unas elecciones limpias en las que los votantes mostraron libremente sus preferencias políticas, sino el final de la gran farsa: la vuelta de la derecha al poder, o más bien el reconocimiento descarado de que nunca se había ido. No hay solución de continuidad entre la derecha de los años noventa y el franquismo de los setenta, ni entre éste y el de 1936.

El superestructuralismo español —definido por las afirmaciones anteriores— adopta tres formas, una de izquierda, otra nacionalista y otra de izquierda y nacionalista. En el superestructuralismo de izquierda hay al menos dos referencias teóricas claras, aunque su uso sea confuso y muchas veces inconsciente, y haya experimentado numerosas actualizaciones. Estas referencias pueden ser sintetizadas mediante los siguientes textos:

1.)“El rico, acuciado por la necesidad, concibió finalmente el proyecto más meditado que jamás haya entrado en mente humana: fue emplear en su favor las fuerzas mismas de quienes lo atacaban, hacer defensores suyos de sus adversarios, inspirarles otras máximas y darles otras instituciones que le fuesen tan favorables como contrario le era el derecho natural [...]: “Unámonos, les dijo, para proteger de la opresión a los débiles, contener a los ambiciosos y asegurar a cada uno la posesión de lo que le pertenece [...]”.Tal fue, o debió ser, el origen de la sociedad y de las leyes, que dieron nuevos obstáculos al débil y nuevas fuerzas al rico, destruyeron sin remisión la libertad natural, fijaron para siempre la ley de la propiedad y de la desigualdad, hicieron de una hábil usurpación un derecho irrevocable y sometieron desde entonces, para provecho de algunos ambiciosos, a todo el género humano al trabajo, a la servidumbre y a la miseria.”
(Rousseau, El Contrato Social)
2.) “Mis estudios me llevaron a la conclusión de que las relaciones legales y las formas de estado no podían ser entendidas por sí mismas, ni explicadas por el llamado progreso general del espíritu humano, sino que están arraigadas en las condiciones materiales de vida, resumidas por Hegel [...]con el nombre de “sociedad civil”; la anatomía de esa sociedad civil debe ser analizada por la economía política”.
(Marx, Crítica de la Economía Política)

Los conceptos que expresan estos dos textos son, a juicio de los superestructuralistas de izquierda, directamente aplicables a la España contemporánea. El pacto de 1978 fue una aplicación del primer contractualismo rousseauniano (el contrato que no es social sino lo contrario) y su resultado es una construcción legal, institucional y moral hecha a la medida de intereses privados que se hacen pasar por interés general o nacional: España es una superestructura. En el superestructuralismo nacionalista la teoría importa menos que poder contar una historia que explica el sojuzgamiento de la nación propia a manos del secular expansionismo español, del cual el franquismo ( y en consecuencia el actual sistema político español, puesto que —se dice— éste es lo mismo que aquél) es la expresión más reciente. No obstante, en ocasiones el caso español puede ser expuesto junto a otros, como el francés. Por último, el superestructuralismo nacionalista y de izquierda mezcla los conceptos de los dos anteriores, o “localiza” los conceptos del superestructuralismo de izquierda.


¿Qué hace el superestructuralismo?

La presencia y el arraigo crecientes entre nosotros de este tipo de pensamiento pueden ser considerados como uno de los fenómenos más notables de la política española contemporánea y como uno de los más perniciosos, porque quien adopta este punto de vista se sitúa al margen de la disputa política leal y abierta, al imputar al oponente político un vicio personal irremediable que no se prueba ni se matiza y que permite despreciar cualquier argumento u opinión que provenga de quien así es etiquetado. Si, como es el caso, esa imputación se dirige contra partidos políticos u organizaciones sociales completas, renunciando deliberadamente a cualquier ejercicio intelectual sobre lo que se escucha, entonces el sistema padece un empobrecimiento gravísimo que puede debilitarlo dramáticamente. El superestructuralismo no es un programa político ni una ideología —aunque sirve a diversas ideologías que necesitan de la desaparición de la democracia española para poder prosperar y que encuentran en ella un obstáculo insuperable— sino un vicio moral que irresponsablemente inunda la vida pública de sospechas para conseguir un objetivo ajeno a los que el sistema legitima y que nada tiene que ver con la confrontación entre ideas y programas; no es una propuesta sobre la organización política deseable para la comunidad, sino una patología que impide ver en el rival político otra cosa distinta de un conspirador. El superestructuralista padece el error de creer que a los demás les va siempre mucho mejor que a uno mismo, puesto que uno mismo es la víctima de la conspiración que se denuncia. Esta creencia anima un victimismo sin límite inasequible a cualquier evidencia que se le pueda oponer, puede llegar a ser la justificación de comportamientos personales corruptos (¿por qué respetar una legalidad ilegítima y que está hecha para fastidiarme?) y es el germen de un resentimiento absurdo por lo que no ha tenido lugar. Finalmente, el superestructuralismo pide el cese de lo que no ocurre y es, por tanto, una actitud condenada a ser insatisfecha en lo que tiene de anhelo y a persistir indefinidamente.

En las sociedades abiertas la disputa política no consiste tanto en discutir acerca de lo que se debe hacer para solucionar un problema que afecta a la vida pública cuanto en discutir acerca de cuál es el problema que se ha de solucionar. Los partidos políticos y las organizaciones sociales tratan de “crear problemas” y ponerlos en circulación partiendo de acontecimientos que pueden ser contemplados desde innumerables puntos de vista. Lo característico del superestructuralismo es que aborda cualquier suceso público relevante mediante la invención de un problema cuya solución pasa ineludiblemente por el desleimiento de la organización política de España y por la negación de su sustancia nacional. El superestructuralismo procura que el debate político español se convierta en una disputa sobre España con motivo de cualquier cosa, de forma que las instituciones representativas no sirvan para discutir acerca de cómo debemos abordar los problemas políticos sino para abordar el problema que constituye la existencia de España; tiene, por tanto, un carácter metapolítico que lo coloca en un plano epistemológico diferente del que ocupan los políticos que no son superestructuralistas. El superestructuralista no dice algo de lo que él es, no se define a sí mismo, sino que dice lo que son los demás sin atender a lo que éstos dicen que son y al margen de cualquier evidencia. A diferencia del superestructuralismo, la nación española, al expresarse en la Constitución, dijo algo de sí misma, no de quienes están o se sienten fuera de ella, a quienes respeta y protege. En tales circunstancias el diálogo es imposible, porque uno de los interlocutores considera que el otro es el núcleo del problema y le exige que reconozca su culpa y que desaparezca.

Seguramente, el superestructuralismo español es una variante nacional y particularmente dura de una actitud política que está presente, con una coloración diferente según el caso, en todas las democracias liberales; y también fuera de nuestra civilización política: existen algunas coincidencias claras entre algunos argumentos superestructuralistas y algunos argumentos islamistas, por ejemplo, y es tentador adentrarse en ese camino.

¿Cómo oponerse al superestructuralismo?
Lo que se ha producido recientemente ha sido un aumento de la intensidad y de la virulencia (o violencia) de la presencia social del superestructuralismo español; su exacerbamiento, pero no su aparición. La persistencia del superestructuralismo ha sido favorecida por una actitud errónea exhibida con frecuencia por los políticos no superestructuralistas, que se han servido de dos instrumentos poco eficaces cuando han querido hacerle frente —aunque, afortunadamente, se trata de una actitud cada vez menos frecuente—.

En primer lugar, han tendido a desarrollar una oposición estrictamente verbal en lugar de política (es decir, en lugar de emplear el poder del cual legítimamente disponen y del que sólo ellos deberían disponer) lo que hace que los derechos que deben ser tutelados por los poderes públicos queden expuestos a cualquier violación. Es casi milagroso que en el País Vasco, por ejemplo, los ciudadanos demócratas no se hayan decidido a organizar algún tipo de autotutela de sus derechos fundamentales, que son sistemáticamente vulnerados ante la pasividad de la autoridad policial. En esta Comunidad Autónoma el poder público ha amparado la creación de un oligopolio del uso de la violencia del cual forman parte sólo quienes son secesionistas, una privatización de la violencia a favor de los socios políticos y contra los rivales. En segundo lugar, la argumentación contra el superestructuralismo no ha sido de carácter nacional sino estatal: ha tendido a disputar sobre la Constitución de 1978 y su validez en cuanto a sus resultados prácticos (desmentidos en parte por la propia oposición que los superestructuralistas le hacen) y no en cuanto a su mejor valor: que expresa legítimamente la voluntad de la nación española y que esa voluntad manifiesta una exigencia ética admirable; es, por tanto, un valor esencialmente moral, no sólo utilitario. El respeto a la ley (y, desde luego, a la “ley de leyes”) en virtud de su origen y no de su acierto (siempre en disputa) es el núcleo del concepto mismo de “Estado de derecho”. Lo que éste asegura no es el acierto de las leyes, sino su condición nacional, su carácter representativo de la voluntad general. Que, además, creamos que la ley democrática acierta más que la que no lo es, es un asunto distinto, aunque, sin duda, importante.

La condición verbal y estatal de la oposición al superestructuralismo en detrimento de la oposición política y nacional explica el crecimiento de esta patología.

Supongamos, por ejemplo, que el Gobierno Vasco patrocina un libro de texto de uso obligatorio en los cursos de educación secundaria en el que se afirma la existencia durante el siglo XIX de un monte en lo que hoy es la playa de La Concha de San Sebastián. Supongamos, además, que el libro afirma la existencia en dicho monte de un río cuyo caudal circulaba en sentido ascendente. La actitud que el político español ha adoptado frecuentemente a lo largo de los últimos 25 años frente a ese tipo de sucesos ha sido —siguiendo el consejo popular que afirma que no hay que mirar el dedo sino lo que el dedo señala— tratar de refutar la existencia del mencionado monte y negar la posibilidad física de que los ríos fluyan en sentido ascendente. Los testimonios históricos contra la existencia del monte y los científicos contra la existencia del río son tan claros y numerosos que sobre este punto el libro patrocinado por el Gobierno Vasco podría ser justamente calificado como un conjunto de afirmaciones absurdas. Pero si es cierto que la afirmación del libro no hace que el monte exista, también lo es que la inexistencia del monte no hace desaparecer el libro. Y es precisamente el libro y no el monte, lo que el Gobierno Vasco ha puesto en el mundo, su producto político, el ente generado por él capaz de afectar la visión social de la política: es política educativa, no política forestal o fluvial. Quizás, lo correcto sea contravenir la sabiduría popular y aceptar que lo que el político debe hacer es preocuparse más por el dedo que por lo que el dedo señala; hacer contrapolítica educativa, no contraargumentar con planos y geógrafos. El superestructuralismo no se limitará a afirmar la existencia del monte en el siglo XIX sino su inexistencia actual como efecto de una acción culpable que hizo desaparecer lo que antes existía. Cuando un chaval de 16 o 17 años visite la playa de La Concha y constate la ausencia del monte y del río ascendente, probablemente no verá en ello la refutación de lo que su libro cuenta, sino su confirmación: “efectivamente, alguien ha hecho desaparecer nuestro monte maravilloso”. Obviamente, quien ha hecho desaparecer el monte es España. El libro puede generar efectos políticos, independientemente de que lo que cuenta sea o no verdadero, o simplemente verosímil. Lo ausente es infinito; y ante los ojos del nacionalista, lo existente es potencialmente culpable de cada inexistencia, infinitamente culpable.

La vigencia de esta actitud —la adopción de una estrategia verbal de enfrentamiento contra el superestructuralismo y la elusión del enfrentamiento político, la renuncia por parte de los poderes públicos españoles al ejercicio de una compulsión legítima sobre la vida pública— sigue siendo muy frecuente, aunque ha ido decreciendo a lo largo de los últimos años; de hecho, se puede decir que la decisión de enfrentar políticamente al superestructuralismo allí donde adopta políticas y no sólo opiniones, es una de las razones de su exacerbamiento reciente, porque ha comenzado a encontrarse con resistencias fácticas que impiden la continuidad del plácido progreso que ha experimentado desde hace décadas. Esta oposición política que ahora comienzan a experimentar es considerada por los superestructuralistas como el fruto de un “ánimo crispador” inaceptable, pero realmente la política contra el superestructuralismo es una reacción a la existencia previa de una política antiespañola, no viceversa. El exacerbamiento (que presupone la existencia de lo que se exacerba) es, a su vez, una reacción lógica; igual que la proximidad del policía exacerba la furia del delincuente.

Los desafíos del superestructuralismo son cada vez más difíciles de resistir y exigen un decidido empeño político, un uso del poder legítimo en defensa de la palabra de la nación española expresada en la Constitución de 1978. Esa palabra es valiosa por lo que expresa, pero, sobre todo, por ser expresión de la voluntad nacional. La mera presencia pública de la nación bastará para negar y vencer al superestructuralismo; pero no bastará la rememoración de lo que la nación supo hacer en 1978. El superestructuralismo no se dirige contra el Estado (que es lo que la Constitución define) sino contra la nación (que es origen de la Constitución y del Estado) -carece de sentido hablar de patriotismo constitucional sin aludir a la necesaria existencia de un patriotismo constituyente y, por tanto, preconstitucional que lo ha hecho posible, salvo que interesadamente se eluda la rememoración de ese tiempo histórico y se sugiera una suerte de “hilozoísmo constituyente”: la constitución se hizo a sí misma-. Si el superestructuralismo lo ha tenido tan fácil hasta ahora ha sido en parte porque nos hemos comportado como si realmente sólo fuéramos un Estado y no una nación. Asumir que España empieza en 1978 es casi afirmar que en 1978 habría sido posible que empezara cualquier cosa —cualquier forma política de cualquier amplitud geográfica— si se hubiera deseado, y facilitar la visión superestructuralista de España. Sin duda, debemos apreciar y respetar nuestra Constitución, pero debemos comenzar a exponer sin miedo una realidad histórica más profunda y más antigua que es origen de nuestra condición de Españoles y que hace que tenga sentido la existencia de la Constitución de 1978.

La conmemoración de la Constitución debe presentarse como la recuperación de una antigua tradición de libertad y de mérito cultural y nacional que fue interrumpida por la guerra y por sus antecedentes y consecuencias, y cuyas raíces se pierden en el tiempo, sin que esto suponga acometer interesadamente una exégesis edulcorada de nuestra Historia; es decir, debe presentarse como lo que verdaderamente es: la forma en que la nación española ha ordenado el poder cuando libremente ha podido hacerlo. Una ordenación laboriosa, compleja, esencialmente acertada y realizada en un momento difícil, razones que pueden originar un moderado orgullo colectivo en quienes la protagonizaron y un hondo sentimiento admirativo y de gratitud en quienes hemos podido ordenar nuestra vida bajo el amparo de la obra que otros ejecutaron generosamente.

La nacionalidad española no es —afortunadamente— algo estático sino algo evolutivo, creativo, comunicativo, vivo; pero, en todo caso, algo real. Obrar teniendo en cuenta su existencia no es sólo una posibilidad sino una necesidad. Si elucidar la realidad histórica de España es útil y no sólo un ejercicio de erudición, es porque al afirmar su existencia se afirma la realidad de un tejido espiritual cuya ignorancia puede originar catástrofes tan ciertas como las que origina la ignorancia de cualquier obstáculo físico. Además de real, la nacionalidad española es hoy algo infinitamente superior al superestructuralismo desde cualquier perspectiva moral. La defensa de los derechos humanos y de las minorías, la consideración personal de la vida humana, la adopción del supranacionalismo (la permeabilidad de la nación, y aun el dejarse gobernar por otros), la limitación y la vigilancia del poder político y los procedimientos democráticos de obtención del mismo, o el respeto por el Estado de derecho distinguen nítidamente lo que la nación española ha puesto en el mundo de lo que cada día ponen en él los superestructuralistas de todo tipo. De esa superioridad deben empezar a ser conscientes los españoles, y en ella deben encontrar ánimo para contradecir y contravenir al dogma superestructuralista.

Del abrazo al choteo

Del abrazo al choteo

Zapatero va de humillación en humillación. La política exterior al Gobierno socialista se le ha atragantado. Bush no responde, Chirac y Schroeder no ceden, Blair le ignora, Berlusconi consigue lo que quiere y ahora Putin le canta las verdades a la cara.

Nunca se hizo tan mal en tan poco tiempo. Visita oficial de Zapatero a Moscú. Rueda de prensa conjunta con el presidente Putin. El mandatario ruso, con frialdad en el rostro e impertérrito en los gestos, le ha espetado al presidente Zapatero la realidad pura y dura.
Putin ha mostrado a Zapatero su preocupación de que el terrorismo pueda cambiar la marcha política de un país en referencia al 11 de marzo, además, le ha dicho a la cara que el Gobierno ruso nunca ha recomendado a ningún Gobierno que retirara las tropas de Irak. Por último, y si esto no era poco, Putin ha añadido que se encontraba "muy confortable" con Aznar y que espera poder hacerlo con el propio Zapatero en el futuro.

En resumen, que Putin le ha dado el viajecito a Rodríguez Zapatero. Por cierto, el presidente del Gobierno español ha llegado una hora tarde a Moscú. Con esas "manías" poco propias de un presidente del Gobierno, se empeña en dormir en casa por lo que ha salido de Madrid con el tiempo justo. La complicada meteorología ha retrasado la llegada a la capital rusa y finalmente Putin ha tenido que esperar una hora a Zapatero.
Entre los errores, las cabezonerías y las torpezas, este hombre no recupera el aliento en la política exterior. Y lo que es más grave, le han cogido el tranquillo. Del abrazo hemos pasado por el ninguneo para terminar en el choteo. Menudo panorama.

Ignacio Villa
http://www.libertaddigital.com/./opiniones/opi_desa_21999.html

Diarios de Sesiones del congreso de los diputados en formato PDF

Diarios de Sesiones del congreso de los diputados en formato PDF

La web del Congreso de los Diputados:

http://www.congreso.es/

ofrece documentación abundante del proceso parlamentario en el apartado "Publicaciones". Pulsando "Diarios de sesiones" + "Comisiones de Investigación", se pueden obtener las transcripciones de todas las intervenciones en la "comisión 11M".

La correspondiente al 29 de noviembre de 2004, en la que D. José María Aznar batió todos los records, es:

http://www.congreso.es/public_oficiales/L8/CONG/DS/CI/CI_021.PDF

Un saludo,

AR

La derecha valenciana se moviliza en defensa del valenciano.

La derecha valenciana se moviliza en defensa del valenciano.

El día 27 de noviembre manifestación en Valencia “en defensa de la lengua valenciana” y para rechazar la "intromisión de Cataluña".

Los sectores "nazionalistas catalanes" no pueden permitir entre otras cosas que sus vecinos del sur se desarrollen en libertad, y puedan suponer una amenaza para sus intereses. Desde que me alcanza el recuerdo, la polémica siempre ha estado servida, el "pancatalanismo" es un antiguo anhelo de la "izquierda nazionalista catalana", pero también la derecha "convergente" ha mostrado una avaricia y recelos desmesurados.

Yo entiendo al pueblo valenciano, y entiendo lo que sienten cada vez que cantan su himno, se me ponen los pelos de punta cada vez que he tengo la ocasión de hacerlo. Claro, que a los nazis del norte les debe provocar nauseas el oir glorificar a España en valenciano.

Leed detenidamente el himno, descubrireis el canto lleno de belleza e ilusión del pueblo que lo corea.

Quiero hacer un homenaje desde aquí a todos los valencianos y valencianas, animarles a que marquen las diferencias, que defiendan hasta la extenuación su lengua, y sobre todo su cultura, que por cierto nada tiene que ver con la catalana. ¿Porqué será?.


Un saludo,

AR



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Según la Ley 8/1984, de 4 de Diciembre, la Comunidad Autónoma de Valencia cuenta con su propio himno.

Su origen se remonta a la Exposición Regional celebrada en el año 1.909. El himno oficial para esa exposición, fue refrendado por los Alcaldes de Alicante, Castellón y Valencia, en el año 1.925, y hoy es el himno oficial de la Comunidad Valenciana. La letra es del autor Maximiliano Thous Orts, y la música fue compuesta por el maestro José Serrano Simeón.

La letra del himno, en su versión en castellano, es la siguiente:

Para ofrendar nuevas glorias a España
todos a una voz, hermanos venid.
¡Ya en el taller y en el campo resuenan
cantos de amor, himnos de paz!.

¡Paso a la Región
que avanza en marcha triunfal!.

Para ti la huerta envía
la riqueza que atesora,
y es la voz del agua cantos de alegría,
acordado al ritmo de guitarra mora.

Paladines del arte te ofrecen
sus victorias gigantinas:
y a tus pies, Sultana, amplios jardines.
extendiendo un tapiz de hortensias y rosas finas.

Brindan frutas doradas,
los paraísos de las riberas;
penden racimos de oro
bajo los arcos
de las palmeras.

Suena, la voz amada
y en potentísimo vibrante eco,
notas de la alborada
cantan las glorias de la Región.

Valencianos, alcémonos en pie.
Que nuestra voz
salude la luz
de un nuevo sol

Para ofrecer nuevas glorias a España,
todos a una voz, hermanos venid.
¡ Ya en el taller y en el campo resuenan,
cantos de amor, himnos de paz!.

¡ Ondea en el aire
nuestra Bandera !.
¡ Gloria a la Patria !.
¡ Viva Valencia !.
¡ Viva !.
¡¡ Viva !!.
¡¡¡ Viva !!!.

La letra del himno, en su versión en valenciano, es la que sigue:

Per a ofrenar noves glòries a Espanya,
tots a una veu, germans vingau.

¡Ja en el taller i en el camp remoregen,
cántics d'amor, himnes de pau!.

¡Pas a la Regió
que avança en marcha triomfal!

Per a Tú la vega envía
la riquessa que atresòra,
i es la veu de l'aigua càntic d'alegria
acordat al ritme de guitarra mòra.

Paladins de l'Art t'ofrenen
ses victòries gegantines,
i als peus, Sultana tons jardins estenen
un tapiç de murta i de roses fines.

Brinden fruites daurades
els paradisos de les riberes,
penguen les arracades
baix les arcades de les palmeres.

Sona la veu amada
i en potentíssim, vibrant ressó,
notes de nostra albada
canten les glòries de la Regió.

Valencians: en peu alcem-se
que nostra veu
la llum salude
d'un sol novell.

Per a ofrenar noves glòries a Espanya,
tots a una veu, germans vingau.

¡Ja en el taller i en el camp remoregen,
càntics d'amor, himnes de pau!

¡Flamege en l'aire
nostra Senyera!

¡Glòria a la Patria! ¡Visca València!

¡Visca! ¡Visca! ¡Visca!



http://perso.wanadoo.es/janthkm/valencia1/himno2.mp3



La derecha valenciana se moviliza en defensa del valenciano.

El día 27 de noviembre en Valencia “en defensa de la lengua valenciana” y para rechazar la "intromisión de Cataluña".


ENLACES:

http://www.llenguavalencianasi.com/
http://www.normesdelpuig.org/
http://www.racv.es/
http://www.amics-racv.org/
http://www.loratpenat.org/

entre otros ...

Algo huele a podrido en Interior.

Algo huele a podrido en Interior.

Por fin empiezan a rodar las cabezas de los ineptos que permitieron el 11-M. El primero ha sido el teniente coronel Bolinaga. Un ejemplo del típico funcionario con galones, esa nueva clase de militar, a modo de “yuppy” con charreteras, que ha proliferado tanto a raíz de de la transición a la democracia. Hombres deseosos de hacer méritos delante del político de turno, servil con el poderoso y engreído con el humilde, que anteponen el triunfo en sus carreras, al servicio a la patria y al propio honor.

Este oficial ha pretendido ocultar información transcendental para la investigación del atentado. Veremos si su conducta ha sido delictiva, en todo caso revela que la Guardia Civil de Asturias cometió una monumental negligencia al no investigar los datos revelados por el confidente Lavandera. Y el responsable de la comandancia de Asturias por aquel entonces es el actual general de la Guardia Civil y jefe de la zona de Castilla-León, Pedro Laguna. Otro mando que debería asumir sus responsabilidades, igual que el controvertido coronel Hernando, jefe de UCO, o los mandos de la Policía Nacional de Aviles, y por supuesto los responsables del CNI, antes CESID, que dejaron que radicales islámicos, perfectamente fichados, se moviesen a sus anchas por España.

No sabemos cuales van a ser las conclusiones de la Comisión de Investigación, pero a estas alturas se hace patente que es preciso un cambio en los modos y en las personas que dirigen nuestras fuerzas de seguridad. El PP pecó de negligencia al fiarse de una pandilla de aduladores, y dejarse guiar por unos mandos más preocupados de satisfacer las directrices de ahorro en los presupuestos y de no dar problemas al gobierno que podía ascenderles, que de servir con independencia a su patria.

En cuanto al PSOE, que recordemos ha ascendido a general a Pedro Laguna pasando por alto a otros mandos, tiene mucho que explicar sobre si este favoritismo se debe a un pago de favores, amiguismo al estilo Arruche, o al simple deseo de contar con personal dócil a sus dictados políticos en puestos que deberían estar por encima de partidismos.